Introducción

La diversidad del alumnado, que siempre ha estado presente en los centros educativos, ha adquirido en los últimos años una dimensión creciente, producto de factores existentes en la sociedad. Esta diversidad la debemos valorar como un recurso para enriquecer el aprendizaje de nuestros alumnos en nuestras aulas y en consecuencia favorecer su desarrollo humano.

La Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación establece en su preámbulo que “el servicio público de la educación considera a esta como un servicio esencial de la comunidad, que debe hacer que la educación escolar sea asequible a todos, sin distinción de ninguna clase, en condiciones de igualdad de oportunidades, con garantía de regularidad y continuidad y adaptada progresivamente a los cambios sociales”. Por ello considera que “la atención a la diversidad es un principio que debe regir toda la enseñanza básica para proporcionar a todo el alumnado una educación adecuada a sus características y necesidades.”

Desarrollando estas premisas, el título II de la LOE plantea que la adecuada respuesta educativa a todos los alumnos se concibe a partir de los “principios de normalización e inclusión”, único modo de garantizar que “todo el alumnado alcance el máximo desarrollo personal, intelectual, social y emocional” (art. 71).

Dentro de los principios y fines de la Educación la citada ley establece:

La calidad de la educación para todo el alumnado, independientemente de sus condiciones y circunstancias. La equidad, que garantice la igualdad de oportunidades, la inclusión educativa y la no discriminación y actúe como elemento compensador de las desigualdades personales, culturales, económicas y sociales, y contribuya a una mayor cohesión social.

En la misma línea, la ORDEN FORAL 93/2008, de 13 de junio establece que “la diversidad constituye una realidad en los centros educativos que ha de ser asumida por todo el profesorado con criterios de normalización, atención personalizada e inclusión.

La flexibilidad del sistema educativo debe procurar medidas que se adecuen a las diferencias individuales de aptitudes, necesidades, intereses y ritmos de maduración de cada uno de los alumnos/as. De este modo se garantiza su desarrollo, se favorece la equidad y se contribuye a una mayor cohesión social. La atención a la diversidad es una necesidad que abarca todas las etapas educativas y a todo el alumnado.”

Partimos por lo tanto de la premisa de que se debe considerar la diversidad del alumnado como punto de partida de cualquier actuación educativa, y no como una medida que responda a las necesidades de unos pocos.

El reto al que nos enfrentamos es promover respuestas educativas adecuadas, inclusivas e integradas en el centro educativo, capaces de ofrecer una formación de calidad al conjunto del alumnado. Se ha de tener en cuenta que la inclusión es un proceso, una búsqueda continua de formas de responder a la diversidad. No es un estado final, sino un camino que recorre cada centro escolar.

Esta diversidad implica ritmos diferentes de aprendizaje entre el alumnado. Por ello, esta atención a la diversidad hace que nos planteemos un modelo inclusivo para poder abordarla. Este modelo permite llevar a cabo una educación de calidad para todos los alumnos/as independientemente de sus circunstancias sociales, de género, físicas o cognitivas.

La educación inclusiva se define como la educación adaptada, personalizada y a la medida de todos los niños en sus grupos clase que da respuesta a una diversidad de necesidades, habilidades y niveles de competencias. Entendemos por escuela inclusiva aquélla que:

  • Identifica las barreras para el aprendizaje y la participación para luego minimizarlas, a la vez que maximiza los recursos que apoyan ambos procesos
  • No se centra únicamente en las necesidades de los alumnos y alumnas sino que reflexiona sobre los planteamientos del contexto escolar.
  • Ofrece a todo su alumnado oportunidades educativas y ayudas para su progreso.
  • Promueve ambientes de aprendizaje que capaciten a todos los alumnos y alumnas para participar en una enseñanza lo más individualizada posible.
  • Percibe la diversidad como una riqueza para todos y no como un problema.
  • Desarrolla valores de participación y colaboración compartidos por la Comunidad Educativa.
  • Educa en la diferencia, el respeto a la particularidad de cada uno y en el reconocimiento y valor de la diversidad.

La escuela inclusiva requiere:

  • Implicación por parte de toda la comunidad educativa: familias, profesorado y alumnado.
  • Propuestas metodologías que hagan que el alumno/a sea el protagonista en su propio aprendizaje: aprendizaje cooperativo, grupos interactivos, tutoría entre iguales, uso de las nuevas tecnologías etc.
  • Cambios organizativos, que promuevan una mayor flexibilidad en cuanto a la distribución de agrupamientos, espacios y tiempos, aceptando la diversidad como riqueza.
  • Currículo flexible dando respuesta a todos los alumnos/as, priorizando el aprendizaje de las competencias básicas.

Para poder llevar a cabo esta propuesta es necesario informar, sensibilizar e implicar a toda la comunidad educativa de un centro escolar. Este trabajo pretende ofrecer materiales que den a conocer la realidad de nuestro alumnado y ayuden a promover valores de respeto, empatía y aceptación de las diferencias.

Cada centro tiene diferentes características y por ello se pretende que este material se pueda adaptar a las mismas y pueda ofrecer la ayuda necesaria para poder avanzar en la construcción de un sistema educativo más inclusivo.